viernes, 30 de septiembre de 2011

De boletos y amores pasajeros



En un medio de transporte, el boleto es un medio de comunicación. La máquina tragamonedas acepta la transacción monetaria y expulsa un papelito impreso con la hora, el número de chofer, interno, la sección del viaje y algunas leyendas que nos recuerdan la importancia de los subsidios estado-nacionales, o de la imposibilidad de fumar mientras viajamos.
Los boletos, primero, comunican y, segundo, nos permiten comunicar. Los centímetros cuadrados que tienen libres en su reverso nos permiten escribir lo que sea en muy pocas líneas. De alguna u otra forma, este espacio se convierte en una alternativa (casi la única) para realizar un acercamiento a un amor de viaje. Miramos, nos enamoramos y tenemos a disposición nuestro pequeño trozo de papel para expresar en menos de 140 caracteres (chupadla, Tweeter!) todo nuestro amor. Todo mensaje llega,  funciona y nuestras intenciones se hacen explícitas. Pero existe un problema: nuestra manera de identificarnos (un teléfono, un mail, un nombre facebookeable) no entra en el espacio y la posibilidad de contestar algo se desvanece.
Podemos tener la suerte de volvernos a encontrar de casualidad, en otro viaje, a nuestra enamorada pasajera. Podemos volver a improvisar, no mucho. "Nunca vi a nadie tan linda como vos"; sin esperar nada, recibo el regalo de tu presencia"; "madre, qué fuerte que estás". Todas frases que intentan ser halagos de superficialidad y descargos de sinceridades momentáneas.
Hoy en día, de la censura no se escapa nadiess, ni siquiera estos enamorados vía-boleto: un grupo de notables insensibles intenta despojar al mundo de lo sentimental de nuestros queridos trozos de papel viajante al intentar implementar una tarjeta magnética que reemplaza al viejo y tradicional sistema. Sin el medio, no hay mensaje. Sin mensaje, no hay enamoramiento. Poco a poco, los amores de colectivo quedarán en la nada y serán monumentos en los museos del amor.
Algunos dicen que cargar la tarjeta magnética le genera tendinítis a los empleados y esa puede ser la causa del próximo paro de subte. Tal vez, podemos pensar en otra teoría, en la huelga de amores. Los metrodelegados tienen almas sensibles y necesitan del boleto para declarar su amor en los colectivos. Gracias, pero es una batalla perdida, el amor en el bondi va a dejar de existir.

4 comentarios:

  1. Yo por eso me resisto a la tarjeta magnética. Nunca sabés cuándo vas a encontrar al amor de tu vida, ni tampoco sabés cuándo se te va a caer una idea brillante, o unas lindas palabras, sedientas de ser plasmada.

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    me respondes a munekitacat@gmail.com

    besosss

    Catherine

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