viernes, 30 de septiembre de 2011

De boletos y amores pasajeros



En un medio de transporte, el boleto es un medio de comunicación. La máquina tragamonedas acepta la transacción monetaria y expulsa un papelito impreso con la hora, el número de chofer, interno, la sección del viaje y algunas leyendas que nos recuerdan la importancia de los subsidios estado-nacionales, o de la imposibilidad de fumar mientras viajamos.
Los boletos, primero, comunican y, segundo, nos permiten comunicar. Los centímetros cuadrados que tienen libres en su reverso nos permiten escribir lo que sea en muy pocas líneas. De alguna u otra forma, este espacio se convierte en una alternativa (casi la única) para realizar un acercamiento a un amor de viaje. Miramos, nos enamoramos y tenemos a disposición nuestro pequeño trozo de papel para expresar en menos de 140 caracteres (chupadla, Tweeter!) todo nuestro amor. Todo mensaje llega,  funciona y nuestras intenciones se hacen explícitas. Pero existe un problema: nuestra manera de identificarnos (un teléfono, un mail, un nombre facebookeable) no entra en el espacio y la posibilidad de contestar algo se desvanece.
Podemos tener la suerte de volvernos a encontrar de casualidad, en otro viaje, a nuestra enamorada pasajera. Podemos volver a improvisar, no mucho. "Nunca vi a nadie tan linda como vos"; sin esperar nada, recibo el regalo de tu presencia"; "madre, qué fuerte que estás". Todas frases que intentan ser halagos de superficialidad y descargos de sinceridades momentáneas.
Hoy en día, de la censura no se escapa nadiess, ni siquiera estos enamorados vía-boleto: un grupo de notables insensibles intenta despojar al mundo de lo sentimental de nuestros queridos trozos de papel viajante al intentar implementar una tarjeta magnética que reemplaza al viejo y tradicional sistema. Sin el medio, no hay mensaje. Sin mensaje, no hay enamoramiento. Poco a poco, los amores de colectivo quedarán en la nada y serán monumentos en los museos del amor.
Algunos dicen que cargar la tarjeta magnética le genera tendinítis a los empleados y esa puede ser la causa del próximo paro de subte. Tal vez, podemos pensar en otra teoría, en la huelga de amores. Los metrodelegados tienen almas sensibles y necesitan del boleto para declarar su amor en los colectivos. Gracias, pero es una batalla perdida, el amor en el bondi va a dejar de existir.

miércoles, 27 de julio de 2011

La ciudad de los niños


¡Qué bueno! Salgo de mi trabajo temprano, me tomo el tren a horario, llego a la estación que me corresponde bajar y me tomo el colectivo. Increíble, creo que voy a hacer tiempo récord de llegada a mi casa. Ay, unos 15 minutos de sobra para no hacer nada, qué lindura. Los podría aprovechar para limpiar mi cuarto, ¿verdá? Nah, mejor no hago nada. Che, cuánta gente que hay en el bondie. Es decir, cuántos niños, ¿qué pasa? Generalmente a esta hora el bondie está vacío y ahora tengo que ir parado. Ah, cierto, vacaciones de invierno...

Pues sí, llega el receso de estudio y la calle se llena de mini-personas. El espacio público se siente invadido por pequeñas creaturas e´ Dió hambrientas de espectáculos infantiles, pochoclos, chocolatines y cuanto producto callejero saquen los vendedores ambulantes. Es inevitable sentir en el aire un olor a pegajosidad provocado por la cantidad de azúcar que se consume en dos semanas seguidas (los más afortunados y adinerados tienen tres). El nefasto monopolio de la garrapiñada acopia unos cuantos millones de dólares y nadie hace nada al respecto. ¿Para cuando la Ley de Garrapiñada, Sra. Presidenta/e?

Y claro, cines, chópings y, lo más preocupante de todo para nosotros, medios de transporte (MDT) se colman de pibes. Pero aquí el problema principal: los acompañantes de estos especímenes. Tías, abuelas, madres, madrinas, ¿qué más? hermanas mayores, auspician de escort de los más pequeños. No importa qué hora del día sea, siempre hay algún mayor (generalmente femenino) para acompañar a las criaturas al zoo, a la plaza, a la heladería, al pelotero. Por cada adulta hay por lo menos 3 infantes y el mismo espacio para viajar en los bondies, trenes, subtes y metrobuses que siempre. Tanta presencia de mayores al pedo le hace creer a uno que el índice de desocupación que nos brinda el INDEC es mucho más alto que el que creíamos. O por lo menos que las variables alpedismo o la de amadecasísmo no está contemplada. ¿Y? ¿Qué onda, Sra. Presidenta/e?

Por otro lado, sabemos que los chicos no poseen un comportamiento adecuado en los MDT, su lógica no se adecua del todo bien. No saben cómo colocarse, hablan a los alaridos cosas que a nadie le importa, se ponen delante del paso de los señorespasajeros. Y de esta manera, no hacen más que molestar al pobre muchacho que se levanta temprano, no para darle de comer a las jirafas, sino para darse de comer laburando. ¿Qué importa si tenemos que hacer 3 horas de fila para sacar una entrada al zoológico y 2 horas para entrar, con tal que mis sobrinitos se diviertan? No hay nada más lindo que hacer a un pibe feliz. Aprenda, Sra. Presidenta/e.

Nosotros, los de a pié, ¿qué podemos hacer ante período tan nefasto? Por lo pronto, podemos proponer un manual de desenvolvimiento urbano para que sea de lectura obligatoria en todas las escuelas de la Capital. Dicho material traerá diferentes tips para ser un buen niño-pasajero durante las vacaciones sin alterar el (des)orden diario de los verdaderos viajantes. Pensándolo bien, mejor que ese manual lo lean todos menos los pendejos,  los responsables de esta hecatombe somos los adultos. Nos merecemos los infantes que tenemos.

¿A ver qué dice el capítulo primero?



lunes, 25 de julio de 2011

Una muchacha que llora, un muchacho que interpreta

You can cry me a river...
Ella se sienta en el asiento cercano a la puerta trasera. Llora, las lagrimas le recorren la cara y les llegan a la boca. Las bebe. No puede parar, piensa en ese amor que no pudo ser, en lo injusta que es la vida. Y sigue llorando, no entiende cómo puede amar tanto a una persona y que a ese otro ni le importe. ¿Es tan injusta la vida? Piensa que no va a encontrar el verdadero amor y que nunca va a amar a alguien tanto como a él. El colectivo 117 la lleva, pasa por el parque que frecuentaban y los recuerdos le atraviesan todo su cerebro. Visualiza ese banco donde se besaban, aquel subibaja con el cual jugaron a ser chicos de nuevo, recuerda cuando le decía "mirá, vos pesás más".

Las lágrimas no cesan, ella cierra los ojos para no ver más esas imágenes que no estaban, trata de olvidar todo. Se tapa su cara, es inútil, recuerda cuando él le secaba las lágrimas y le decía que todo iba a estar bien, que nada pasaría, que siempre iban a estar juntos, que la amaba, que era única. El miedo la invade, ese miedo tan húmedo como sus lágrimas. No tiene vergüenza por estar llorando en medio de ese transporte público, no se da cuenta, no le importa, sólo siente el llanto.

Se seca la cara como puede con sus manos y sacude su cabeza como diciendo "bueno, es hora de bajarse". Prepara su bolso y un pasajero se acomoda para lanzarse sobre su asiento (está sediento de asiento). Cabizbaja, mira el piso para no tropezarse y cuando levanta la vista se encuentra con mis ojos y me dice, con sus pupilas, "perdón, siento, no puedo evitarlo". Y yo le contesto por el mismo canal: "te entiendo, yo estuve ahí". Toca timbre, el colectivero interpreta la señal y la ejecuta.

No puedo con mi curiosidad y la sigo con la mirada, yo todavía desde el colectivo. No puedo dejar de sorprenderme: ella sale corriendo, llega a una casa funeraria y se abraza con una señora grande. Pienso: pobre muchacha, encima que tiene mal de amores se le mueren familiares. Pobre.

viernes, 15 de julio de 2011

El olvido o la perpetuación de una Mujer Real

En el momento en que uno se da cuenta
de que el olvido es la solución,
este se vuelve el problema más grande
 del universo humano
(Anónimo con nombre)

Ciertas circunstancias hacen pensar a un hombre sensible. No sólo aquellas que suceden en el ámbito de los hechos, sino las que tienen que ver con lo no tangible. La aparición repentina de una señorita, suele ubicarse en el lugar de lo empírico, pero a veces no es tan así. Ella viene, aparece, se muestra, seduce. Habla, y al hacerlo, hipnotiza, como cualquier flautista a una manada de ratas o como cualquier líder a una masa acéfala. 

El hombre sensible cree saber de su existencia real, puesto que su aparato sensitivo recibe estímulos tales que le otorga realidad a una imagen ficticia. Al principio, la imagen pseudoreal, hace el encuentro poco maravilloso, es decir, mientras ella sea real, no hay un encantamiento ni una atracción. El deseo se aletarga. Sin embargo, el paso del tiempo hace que aparezcan aspectos nuevos que antes no existían. lo temporal, claro, se liga con una línea de comprensión del otro y de un nuevo conocimiento de características que funcionan como polos positivos en cargas negativas.

Este es el momento preciso donde se produce el paso de lo real a lo ficticio (es decir, lo irreal, lo pasional, lo ilusorio). Ya no hay vuelta atrás: lo inexistente es lo más parecido, pero paradoja, lo más preciado no es alcanzable. Estamos en lo ficcional. 

Muy pocos logran llegar a lo inalcanzable, pero en ese mismo movimiento, en ese preciso instante del alcance de lo imposible, lo real entra en juego Y es ese "real" lo que desencanta al mundo. Mi objetivo ha sido alcanzado y es necesario pasar a uno nuevo. Si este movimiento se estanca, lo lindante a la muerte surge y nos raspa las espaldas. Es el cambio o la parca.

Algunos prefieren ser muertos en vida antes de mudar de ideas u objetivos y vivir de recuerdos de algunos destellos de felicidad. Entonces, una vez que ella pasa a lo ficticio hay dos caminos por tomar: alcanzarla y volverla real (y desencantarla en la mudanza) u olvidarla y recordar su plenitud, belleza e irracionalidad plena, para idealizar una felicidad esporádica a su lado. Prefiero olvidar.

Agosto de 2009

domingo, 3 de julio de 2011

Fusión

Alma, cuerpo. Cuerpo, alma. Creo que ya se conocen. Hace rato que andaban lejos, cada uno por su cuenta en mundos paralelos. Hoy se vuelven a juntar. Ya se extrañaban, se sentían raros. Las cosas siguen igual, están más viejos, eso sí. El tiempo deja marcas.

"Nos reconciliamos", dicen. "Ya podemos ser uno", admiten. Y ahí van, tan aferrados los dos, alma y cuerpo, que no se van a soltar por un rato. Sufrieron en paralelo, hoy disfrutan juntos. El gélido frío no influye, el rozamiento de ambos les da calor y cobijo, que es lo único que necesitan. Se toman de la mano y no se sueltan. ¡No se suelten!

miércoles, 25 de mayo de 2011

Lectura colonizada

Leemos en el transporte, obvio, ¡sino dónde!

Hay algo irrepetible en el Cordobazo. El Cordobazo es el fruto maduro de una sociedad industrializada. No en vano se le dice el Mayo cordobés. Habría que ver con qué grado de precisión, pues en el Mayo cordobés el sector hegemónico de la lucha es la clase obrera. No desvalorizamos el aporte estudiantil, pero el Cordobazo es una rebelión del proletariado. ¡Qué hacés chabón! Tanto tiempo. ¿En qué andás? Yo ando saliendo con una minita, no sabés lo fuerte qué está, un culo, unas tetas que ni te imaginás.

En el Mayo Francés fueron los estudiantes el sector más dinámico. Esto se nota en el ingenio, en la calidad literaria de las consignas.  Seee... estaba de novio pero me cansé, era una boluda. Ahora salgo con esta otra, no sabés cómo culea! Uuuuu! Igual, me estoy dando cuenta que es también media hueca,  para lo que me importa!. Yo paso el rato y nada más. Hay que vivir la vida, ¿no? Ja!!

Ni Tosco ni los suyos habrían de escribir: "Debajo de los adoquines, está la playa". Creo que se habrían reido de tal exceso poético. ¿Viste el partido? Faaa!! Qué mal, como nos vacunaron! No jugamos a nada, el equipo es una mierda, pechofríos! Tiene que volver Carlitos. Qué jugador, ese sí que juega por la camiseta.  Incluso lo de la "imaginación al poder" les habría resultado extraño. No, la imaginación no. Son los obreros los que están luchando por el poder. Es la clase obrera la que quiere el poder o la que discute el mayor poder que desea para sí. Por decirlo de un modo contundente: el Cordobazo es hijo de la industria automotriz. Marx se habría sentido satisfecho con esto. Cómo me río con Tinelli, increíble, qué grande que es. ¿Y las chicas? Fuaa! Qué cuerpos por Dios. ¿Y Bailando Por un Sueño? No lo seguí mucho, pero me dijeron que está bien. 

Algo iba a cambiar, los milicos retrocedían. Pronto el país sería otro. Esa llama de esperanza prendió el Cordobazo en tantas almas. Increíble lo de Cristian U, mandé 4 mensajes para que gane en la final. No salí sorteado, pero es todo un negocio eso. Está bueno participar. Bueno, yo me bajo en la que viene, me voy para la puerta así gano tiempo, no se puede viajar en esta garcha llena de gente. Encima los del subte no quieren laburar, hay que matarlos a todos por vagos. Bueno, nos vemos, ¡aguante Boquita!

Dejamos de leer y nos bajamos.

    




jueves, 19 de mayo de 2011

Pensamientos

Bajar, subir. Entrar, salir. Movimientos antagónicos que por definición son opuestos. El que sube, no baja. El que sale, no entra. Fuerzas que chocan de vez en cuando y tienen el efecto de la inercia, siempre que se aplique la misma fuerza. En las puertas del subte, suele presentarse este tipo de choques astronómicos. Hombre  que baja  versus vieja que entra. Chica que quiere salir, pibe que no puede entrar. Resultado: nadie se mueve, todos estamos estáticos y la formación no avanza. La física todavía no permite que dos cuerpos ocupen un mismo lugar (por los menos, aquellos que no se conocen).

Generalmente, los que están adentro logran, de alguna manera, zafarse de aquellos que no los dejan salir. Algunas almas generosas del exterior se corren y el tramite se agiliza. Otros gritos ayudan: "¡Dejen bajar, carajo!"; "¿No ven que hay creeeaturas?"; "Flaco, por qué no te corrés. ¿No te das cuenta que queremos bajar?"; frases que  funciona bien como intimidación. 

Las personas que viajamos somos pensamientos, recuerdos, lugares. Algunos salen con facilidad, otros entran como si nada. Están aquellos que no pueden salir, que tardan, porque hay otros muchos en puerta que tampoco pueden entrar. Otros no quieren bajar, se quedan, viajan ida y vuelta, vuelta e ida... una y otra vez. Ocupan lugar y no dejan que otros pensamientos entren. Se niegan.

Sin embargo, de tanta vuelta uno se cansa y aprovecha que no es hora pico de pensamientos para bajarse y permitir que el vagón se renueve. Esperemos que no entre cualquier energúmeno.

jueves, 28 de abril de 2011

Igual que las gaviotas

La audacia de vivir sin ataduras
Qué lindo que es volar... ay. 
Sentirse libre, como un pájaro, como una hoja en el río, como un preso fuera de Caseros, como un gas en el aire, como una bolsa de supermercado una tarde de otoño a pleno viento, como una sombrilla en Necochea. Ay, ay, ay... Y no hay nada más bonito que sobrevolar la ciudad "caos de tránsito" Buenos Aires en medio de la hora pico. Desde arriba, ay, podés ver el Colón, el Obelisco, la Plaza de Mayo bien chiquita, la Catedral. ¿Ese no es Bergoglio? Qué chiquitito que se ve desde acá. Pensé que era más gordo.

También podés aprovechar a escupirle el sombrero a un transeúnte desprevenido y que se piense que ese líquido que le acaba de caer, es simplemente condensación de aire acondicionado.

En fin, qué bueno tomar por iniciativa propia un parapente, un motor fuera de borda, un traje, y despegar desde la 9 de Julio hacia Puerto Madero, Madero Puerto. Así como si nada. Puro empuje por lograr la libertad. Lo bueno es que estas acciones llevan a otros, menos corajudos, a seguir el ejemplo. Es la chispa que enciende la llama del vuelo urbano.

Ya me estoy haciendo mi parapente. Compré 4 toneladas de papel barrilete, dos cuerdas y un ventilador de techo. Eso sí, un traje ni en pedo, no me sé hacer el nudo de la corbata. Igual, ya que estamos, voy a aprovechar para hacerme unos mangos y  mi cruzada por la libertad va a ser auspiciada por Coca o Jorgito. Ya veremos, todo por ser libre.



martes, 26 de abril de 2011

Súpérhéroés

Ricardo entra al tren y se siente como pez en el agua. Atropella a la gente porque su derecho es pasar primero y no dejar bajar. Total, llega temprano. Se posiciona entre la gente, codeando, y por fin llega al pasamanos. Desconfía del muchacho con pelo largo y rulos que tiene atrás. "Este me va a hacer la billetera, mjeh...". Se acomoda mientras se aleja de las garras del malhechor. La puerta del tren se abre y él consigue el pretexto para hablar. Una señora con un bebé en brazos intenta subir. Las personas sentadas, no se percatan del asunto. "¿No se dan cuenta de que hay una señora con una criatura en brazos? Eh? No se hagan los boludos, un asiento, dale, dale...". Otra señora a tres metros, se levanta y le cede su lugar al combo madre-niño. "Qué vergüenza -grita Ricardo- una mujer le tiene que dar el asiento. Qué vergüenza". 

Otra persona, lo empuja sin querer. Qué te pasa, no empujés, hay más lugar ahí, paparulo. No me toqués que te bajo todo. Ganso. Te como crudo, pancho. La persona se amedrenta y se corre. "Este se me viene a hacer el guapo, justo a mí".

Ricardo se baja empujando, es su derecho bajar primero. ¡Dale! No tengo todo el día. Llega al andén y se siente vacío. Volvió a la realidad. Ya no tenía más poder ni autoridad. Lo espera una jornada laboral de hostigamiento y sumisión.


martes, 19 de abril de 2011

Sin vos

Él se sube a los medios de transporte a tocar música. No sabemos su nombre pero no nos importa: nos hace vibrar con cada nota. Lo escuchamos, nos silenciamos, codeamos al de al lado para que deje de leer su libro de paso y para que preste atención a tan lindos acordes. Obviamente, la música de su guitarra es acompañada por su voz. No sé, no es linda, pero transmite emoción y algo más. Cada función es un éxito, todos ponemos monedas y ¡billetes! en su gorra multicolor.

Un día, no lo vi más. Dejé de deleitarme aquellas tardes sin libros, sin emepetrés, sin muchachas lindas, es decir, aquellas tardes sin entretenimientos más allá del paisaje de la ventanilla del subte. Seguro que consiguió un trabajo estable, pero ¿más estable que esto? Nos hacía feliz, ¡qué más quería! ¡Egoísta! Pará, ¿y si se murió? Qué macana, cómo es la vida. Uno vive para morirse. No somos nadies. Bueno, igual tengo pensado comprarme un emepetrés y reemplazar su música con mí música bajada de internet. 

Pasaron unos meses y el músico apareció, sentado al lado de mi asiento. Estaba muy mal, no llevaba su guitarra ni su gorro y estaba vestido de muchacho-que-va-a-trabajar-al-centro. Le pregunté por su música. Me dijo que ya no podía tocar, que había pasado algo con su voz después de que su amada lo dejara. De un día para el otro no podía cantar más. Y esa emoción, ese "algo más" ya no estaba. Se dio cuenta cuando en el arqueo de caja (su sombrero) sólo encontraba pocas moneditas que alguna jubilada le entregaba. Le pedí que me cantara algo. Y le creí. La voz era nada, no tenía a quién llegarle, no tenía a quién cantarle. No la tenía. Nos despedimos, le dije que se mejore y que ya iba a volver (ella, S, ella Z). No me escuchó.

Me bajo del subte y súbitamente comienza a dolerme la garganta. Y sí, se vienen días de frío, lluvia y viento. ¡Cómo joden estos cambios de estaciones!



sábado, 16 de abril de 2011

Marketing 360º

"Llevan en esta oportunidad, señores pasajeros, para la niña el nene,
 la sobrina el sobrinito, la vecina, ahijada sobrina, cuñado cuñada,
 para el oficinista y el empresario, la ama de casa y el trabajador, 
el estudiante universitario, primario, secundario,
el tío feo y la tía coqueta, la mamá y el papá,
 el soltero con preocupaciones y el casado relajado; 
lleva, para la amante y el amante cornudo,
 el carnicero  y el comerciante de hoy en día, 
para el hijastro y la hijastra no reconocida,
 para la mujer moderna y el hombre dejado,
 el abuelo y la abuela desconsiderada, para el capitalista, 
el garca de estos tiempos, el trotsko y el comunacho,
 el  vivo y el muerto, el oficialista, el opositor peludo;
  para la cartera  de la dama y la mochila del pibito que va a estudiar, 
para el enano y el lungo,
 la mujer golpeada y el marido impotente..."


Los Señorespasajeros siguen expectantes y todavía no saben qué artículo se guarda entremano el vendedor. El producto está condenado al éxito porque es multitarget y es para todo el mundo. El pequeño problema es que hasta que no termine de nombrar a todos los posibles destinatarios, el vendedor no va a develar su gran secreto. Y es una lástima porque ya llegamos a Retiro.

jueves, 14 de abril de 2011

¿Al centro?

Hay días en los que uno se estructura para llegar a su destino y se encasilla en eso. Faltan cinco estaciones. Faltan ocho. Faltan dos. En la próxima me bajo. Y bueno, cuando una persona te habla te tiembla el cerebro.

Falta una estación, se abre la puerta del subte y desde afuera se acerca una muchacha. Me mira y me dice: "¿Disculpame, para dónde va éste?". En medio de la laguna mental le digo que va para el centro. Obviamente no me acuerdo el nombre de ninguna estación. "Ah, bueno, me subo a este". Se me pone al lado y le pregunto si hace malabares, porque desde su mochila se asoman esas cosas para hacer... malabares. Pregunta obvia, disparador para una conversación larga que no va a durar nada.

-Sí, malabares. Recién empiezo, estoy practicando. Está bueno...
(el subte arranca, me quedo sin conversación)
-Ah!! Qué bueno. Si yo intentara hacer algún movimiento coordinado con esas cosas, seguro que me esguinzo algo.
-Ja!!
-Sí....ja... (manotazo de ahogado...) Donde bajás?
-En Catedral.
-Pero este no va a Catedral... Va para el otro... uy... no va al centro.
-Me hiciste subir al pedo...
-Disculpame, bajate en Palermo y tomátelo para el otro lado.
-Y sí, no voy a seguir con este... (yo le agregaría un "¡Boludo!")

Lo bueno fue que la confusión duró una estación y no se fumó todo el viaje. Lo malo es que nunca más voy a volver a ver a la malabarista y no me voy a esguinzar más.


miércoles, 13 de abril de 2011

Sonrisa

Las largas horas de un pesar se agudizan en el tren. Todo el mundo se da cuenta de tu estado y trata de colaborar. La vieja indignada te mira y piensa que hay cosas peores que la inseguridad. El vendedor ambulante no te pone las mentitas en tu pierna porque sabe que molesta. El mendigo gritón, pasa de largo para no incomodar. La mujer embarazada, "gracias, me bajo en la próxima", aunque para su próxima faltan 4 estaciones. Claro, no te das cuenta de esta confabulación y seguís triste.

Llega la estación, llego al tren, alcanzo un asiento. Y con todos esos arribos, la pena no podía quedarse atrás y planta bandera en el medio de la soledad de la muchedumbre viajante. "Hola!! Te habías olvidado de mí? Pues, no! Heme aquí, vivita y culenado cuanta felicidad aparezca." Habla y lo hace sola. Es un monólogo cansador, negativo, fulminante. Te derriba en tu lugar y no te queda otra que dormir y soñar. Es cuando aparece un alivio, una válvula de escape: una sonrisa en mi sueño pasajero. Una que me hace recordar a todas. La sonrisa que envuelve a las demás, porque es la final y la más linda de todas, la irresistible. Ahora dialogo yo: "Dónde estabas?  Vení!! No te vayas! No me dejes, sonrisa, quedate conmigo un ratitito más! Dale, no seas mala, no me despiertes que estoy bien con vos... ¡No! ¡No!".

Ella se va, me vuelve a dejar solo otra vez y me despierto muy exaltado. Mis movimientos llaman la atención de una muchacha sentada delante mío. Me mira, la miro, y me devuelve una sonrisa. Una de esas comunes, una más, la del montón, pero lo suficientemente fuerte como para salvar el día. Obvio, la chica sabe que estoy mal y me quiere ayudar. Gracias.

La embarazada que está parada se baja en la próxima.



sábado, 9 de abril de 2011

El tiempo se mide en personas

Llega como siempre a las 7:30. Entonces, subo y el tiempo corre. Pasa por el kiosco de la esquina y el señor con el bolso de trabajador lo para. El tiempo corre de nuevo. Sube la chica, aquella que se produce para salir de su casa, esa que deja una estela de perfume detrás, la que en su cartera lleva un mundo pero -como no le alcanza- acarrea dos bolsas de negocio de ropa llenas. Nadie mira el reloj, pero seguro que marca las 7:45, justo cuando sube la parejita que viaja junta, pegadita, al trabajo. Yo me bajo y siento que son las ocho de la mañana.

Siete y media. otra vez me subo y el cronómetro corre. Veo al señor con su bolso, no veo a la muchacha. ¿Qué le habrá pasado? La parejita saca dos de uno diez. Me bajo pero algo anda mal: no son las ocho, es más temprano. El sol, inamovible, nos regalaba una sonrisa a media asta. Fue entonces cuando comprendimos que ese día iba a ser todo mañana.

Hicimos nuestras actividades a la mañana, llegamos a casa a la mañana, jugamos a la pelota a la mañana y nos fuimos a dormir a la mañana. Y sí, costó dormir porque había mucha claridad y la verdad es que yo no tengo cortinas.

Me desperté y no sabía qué hora era, pero me subí al colectivo. Esta vez, los vi a todos: al trabajador, a la muchacha, a la parejita. Toqué el timbre a las ocho.

Hoy voy a faltar. Quiero saber si soy parte del reloj o tan solo un simple espectador. Además, no hay nada mejor que quedarse en la cama toda la mañana...


jueves, 7 de abril de 2011

Teta-rdaste, teta-nteo, teta-poneo. En fin, TETA

Aquí, allá, en todos lados tetas. Tetas a mi lado, tetas más allá!! Todo el vagón es una gran teta que me acoje...digo acoge. Grandes, grandes y grandes plásticos, siliconas duras (qué mejor definición que la de Wikipedia: "polímero incoloro e inodoro") así como dos montañas exageradas que ocupan preciados centímetros cúbicos en plena hora pico. Parece que las cosas esas llegaron para quedarse, habrá que acostumbrarse.

Días después, un comentario: "Soné con vos!! Bah, que vos estabas ahí. Yo me había hecho las tetas, me quedaban divinas, todas así, grandotas, y vos me criticabas." Y sí, como para no criticar que te abran al diome y que te metan ese polímero (aaapa!! El tipo sabe)... y con todos los riesgos que eso conlleva. Nadie piensa en los niños? Nadie piensa en otro concepto de belleza por fuera del monumento a la teta? Obvio que sí. Pero hay muchas muchachas que unidireccionan su visión sobre lo que puede llegar a ser sexy y lindo para los muchachos (o tipos de muchachos o tipos a secas). Yo pregono por la teta natural y punto. Es como... comer comida casera Vs la comida enlatada, es decir, enplasticada. Abue!! Cocináme algo!

"-Bueh... Por lo menos te quedaron bien?
-Y... estaban lindas. Pero había un problema: me había quedado un pezón para el costado."


Vio, ñora? Yo le avisé y usté no mechuchó. Quelevasé.



Hay una lágrima sobre el teléfono

En el asiento Nº 8 (dicen que es el lugar donde nunca pueden acceder embarazadas, madres con niños en los brazos, ancianos, discapacitados ... o embarazadas madres ancianas discapacitadas con niños en los brazos), le suena el teléfono:

-Hola, nos comunicamos del Banco Ustémeimportauncoño. ¿Hablo con el responsable de la cuenta "mmjh, mjh"-3652- asterisco-8? 
- Sí. (El tipo andaba con todas las penas del universo)
-Qué tal? Lo llamo para preguntarle si está conforme con el servicio ofrecido por el banco...
-Y... (el tipo sigue triste) Sí. Por ahora, sí. Nunca me faltó plata.
-Bien. Usted se siente seguro con su dinero en el banco?
-Eh... (el tipo no entiende nada, está pensando en otras cosas)
-Porque pagando una suma de tan solo $5, tiene un seguro contra robo...
-Ah... No, gracias. (el tipo reacciona sin violencia porque no le interesa la charla)
-Está seguro? Mire que es una oportunidad para cuidar su dinero en el caso de que...
-No... el dinero. El dinero no es importante, señorita.
-(cortocircuito en el speech) Cómo que no es importante? Y qué le parece importante a usted?
-Y bueno. Lo importante es el amor. Chau, te mando un beso querida. (el tipo siguió llorando)

Ahora, la pregunta es si la minita del otro lado renunció a la institución bancaria y logró encontrar el verdadero amor. O ya lo había encontrado: se llamaba Washingon y no era uruguayo.



Cuando pinta bondi

Nos levantamos, rompemos el aparatito que suena. Nos lavamos, enjuagamos, cepillamos. Pillamos. Todo automático, tiki tiki, nos sale todo perfecto. Los afortunados desayunan con tiempo. Salís de casa. Claro, lo automático es lo no pensado y lo naturalizado. Caminamos las largas cuadras con la mirada perdida. Llegamos a la parada y cuando viene el bondi, nos levantamos y comenzamos a pensar. 

Ahí es cuando empieza verdaderamente el día. "Unocincuenta", "unoveinte", "unodié". Algunos optan por no saludar al señor conductor, a pesar de ser la primera persona con la que interactúan. Pobres, no saben que ese sujeto conduce un mundo desconocido. "Hola". Se lo merece.