jueves, 28 de abril de 2011

Igual que las gaviotas

La audacia de vivir sin ataduras
Qué lindo que es volar... ay. 
Sentirse libre, como un pájaro, como una hoja en el río, como un preso fuera de Caseros, como un gas en el aire, como una bolsa de supermercado una tarde de otoño a pleno viento, como una sombrilla en Necochea. Ay, ay, ay... Y no hay nada más bonito que sobrevolar la ciudad "caos de tránsito" Buenos Aires en medio de la hora pico. Desde arriba, ay, podés ver el Colón, el Obelisco, la Plaza de Mayo bien chiquita, la Catedral. ¿Ese no es Bergoglio? Qué chiquitito que se ve desde acá. Pensé que era más gordo.

También podés aprovechar a escupirle el sombrero a un transeúnte desprevenido y que se piense que ese líquido que le acaba de caer, es simplemente condensación de aire acondicionado.

En fin, qué bueno tomar por iniciativa propia un parapente, un motor fuera de borda, un traje, y despegar desde la 9 de Julio hacia Puerto Madero, Madero Puerto. Así como si nada. Puro empuje por lograr la libertad. Lo bueno es que estas acciones llevan a otros, menos corajudos, a seguir el ejemplo. Es la chispa que enciende la llama del vuelo urbano.

Ya me estoy haciendo mi parapente. Compré 4 toneladas de papel barrilete, dos cuerdas y un ventilador de techo. Eso sí, un traje ni en pedo, no me sé hacer el nudo de la corbata. Igual, ya que estamos, voy a aprovechar para hacerme unos mangos y  mi cruzada por la libertad va a ser auspiciada por Coca o Jorgito. Ya veremos, todo por ser libre.



martes, 26 de abril de 2011

Súpérhéroés

Ricardo entra al tren y se siente como pez en el agua. Atropella a la gente porque su derecho es pasar primero y no dejar bajar. Total, llega temprano. Se posiciona entre la gente, codeando, y por fin llega al pasamanos. Desconfía del muchacho con pelo largo y rulos que tiene atrás. "Este me va a hacer la billetera, mjeh...". Se acomoda mientras se aleja de las garras del malhechor. La puerta del tren se abre y él consigue el pretexto para hablar. Una señora con un bebé en brazos intenta subir. Las personas sentadas, no se percatan del asunto. "¿No se dan cuenta de que hay una señora con una criatura en brazos? Eh? No se hagan los boludos, un asiento, dale, dale...". Otra señora a tres metros, se levanta y le cede su lugar al combo madre-niño. "Qué vergüenza -grita Ricardo- una mujer le tiene que dar el asiento. Qué vergüenza". 

Otra persona, lo empuja sin querer. Qué te pasa, no empujés, hay más lugar ahí, paparulo. No me toqués que te bajo todo. Ganso. Te como crudo, pancho. La persona se amedrenta y se corre. "Este se me viene a hacer el guapo, justo a mí".

Ricardo se baja empujando, es su derecho bajar primero. ¡Dale! No tengo todo el día. Llega al andén y se siente vacío. Volvió a la realidad. Ya no tenía más poder ni autoridad. Lo espera una jornada laboral de hostigamiento y sumisión.


martes, 19 de abril de 2011

Sin vos

Él se sube a los medios de transporte a tocar música. No sabemos su nombre pero no nos importa: nos hace vibrar con cada nota. Lo escuchamos, nos silenciamos, codeamos al de al lado para que deje de leer su libro de paso y para que preste atención a tan lindos acordes. Obviamente, la música de su guitarra es acompañada por su voz. No sé, no es linda, pero transmite emoción y algo más. Cada función es un éxito, todos ponemos monedas y ¡billetes! en su gorra multicolor.

Un día, no lo vi más. Dejé de deleitarme aquellas tardes sin libros, sin emepetrés, sin muchachas lindas, es decir, aquellas tardes sin entretenimientos más allá del paisaje de la ventanilla del subte. Seguro que consiguió un trabajo estable, pero ¿más estable que esto? Nos hacía feliz, ¡qué más quería! ¡Egoísta! Pará, ¿y si se murió? Qué macana, cómo es la vida. Uno vive para morirse. No somos nadies. Bueno, igual tengo pensado comprarme un emepetrés y reemplazar su música con mí música bajada de internet. 

Pasaron unos meses y el músico apareció, sentado al lado de mi asiento. Estaba muy mal, no llevaba su guitarra ni su gorro y estaba vestido de muchacho-que-va-a-trabajar-al-centro. Le pregunté por su música. Me dijo que ya no podía tocar, que había pasado algo con su voz después de que su amada lo dejara. De un día para el otro no podía cantar más. Y esa emoción, ese "algo más" ya no estaba. Se dio cuenta cuando en el arqueo de caja (su sombrero) sólo encontraba pocas moneditas que alguna jubilada le entregaba. Le pedí que me cantara algo. Y le creí. La voz era nada, no tenía a quién llegarle, no tenía a quién cantarle. No la tenía. Nos despedimos, le dije que se mejore y que ya iba a volver (ella, S, ella Z). No me escuchó.

Me bajo del subte y súbitamente comienza a dolerme la garganta. Y sí, se vienen días de frío, lluvia y viento. ¡Cómo joden estos cambios de estaciones!



sábado, 16 de abril de 2011

Marketing 360º

"Llevan en esta oportunidad, señores pasajeros, para la niña el nene,
 la sobrina el sobrinito, la vecina, ahijada sobrina, cuñado cuñada,
 para el oficinista y el empresario, la ama de casa y el trabajador, 
el estudiante universitario, primario, secundario,
el tío feo y la tía coqueta, la mamá y el papá,
 el soltero con preocupaciones y el casado relajado; 
lleva, para la amante y el amante cornudo,
 el carnicero  y el comerciante de hoy en día, 
para el hijastro y la hijastra no reconocida,
 para la mujer moderna y el hombre dejado,
 el abuelo y la abuela desconsiderada, para el capitalista, 
el garca de estos tiempos, el trotsko y el comunacho,
 el  vivo y el muerto, el oficialista, el opositor peludo;
  para la cartera  de la dama y la mochila del pibito que va a estudiar, 
para el enano y el lungo,
 la mujer golpeada y el marido impotente..."


Los Señorespasajeros siguen expectantes y todavía no saben qué artículo se guarda entremano el vendedor. El producto está condenado al éxito porque es multitarget y es para todo el mundo. El pequeño problema es que hasta que no termine de nombrar a todos los posibles destinatarios, el vendedor no va a develar su gran secreto. Y es una lástima porque ya llegamos a Retiro.

jueves, 14 de abril de 2011

¿Al centro?

Hay días en los que uno se estructura para llegar a su destino y se encasilla en eso. Faltan cinco estaciones. Faltan ocho. Faltan dos. En la próxima me bajo. Y bueno, cuando una persona te habla te tiembla el cerebro.

Falta una estación, se abre la puerta del subte y desde afuera se acerca una muchacha. Me mira y me dice: "¿Disculpame, para dónde va éste?". En medio de la laguna mental le digo que va para el centro. Obviamente no me acuerdo el nombre de ninguna estación. "Ah, bueno, me subo a este". Se me pone al lado y le pregunto si hace malabares, porque desde su mochila se asoman esas cosas para hacer... malabares. Pregunta obvia, disparador para una conversación larga que no va a durar nada.

-Sí, malabares. Recién empiezo, estoy practicando. Está bueno...
(el subte arranca, me quedo sin conversación)
-Ah!! Qué bueno. Si yo intentara hacer algún movimiento coordinado con esas cosas, seguro que me esguinzo algo.
-Ja!!
-Sí....ja... (manotazo de ahogado...) Donde bajás?
-En Catedral.
-Pero este no va a Catedral... Va para el otro... uy... no va al centro.
-Me hiciste subir al pedo...
-Disculpame, bajate en Palermo y tomátelo para el otro lado.
-Y sí, no voy a seguir con este... (yo le agregaría un "¡Boludo!")

Lo bueno fue que la confusión duró una estación y no se fumó todo el viaje. Lo malo es que nunca más voy a volver a ver a la malabarista y no me voy a esguinzar más.


miércoles, 13 de abril de 2011

Sonrisa

Las largas horas de un pesar se agudizan en el tren. Todo el mundo se da cuenta de tu estado y trata de colaborar. La vieja indignada te mira y piensa que hay cosas peores que la inseguridad. El vendedor ambulante no te pone las mentitas en tu pierna porque sabe que molesta. El mendigo gritón, pasa de largo para no incomodar. La mujer embarazada, "gracias, me bajo en la próxima", aunque para su próxima faltan 4 estaciones. Claro, no te das cuenta de esta confabulación y seguís triste.

Llega la estación, llego al tren, alcanzo un asiento. Y con todos esos arribos, la pena no podía quedarse atrás y planta bandera en el medio de la soledad de la muchedumbre viajante. "Hola!! Te habías olvidado de mí? Pues, no! Heme aquí, vivita y culenado cuanta felicidad aparezca." Habla y lo hace sola. Es un monólogo cansador, negativo, fulminante. Te derriba en tu lugar y no te queda otra que dormir y soñar. Es cuando aparece un alivio, una válvula de escape: una sonrisa en mi sueño pasajero. Una que me hace recordar a todas. La sonrisa que envuelve a las demás, porque es la final y la más linda de todas, la irresistible. Ahora dialogo yo: "Dónde estabas?  Vení!! No te vayas! No me dejes, sonrisa, quedate conmigo un ratitito más! Dale, no seas mala, no me despiertes que estoy bien con vos... ¡No! ¡No!".

Ella se va, me vuelve a dejar solo otra vez y me despierto muy exaltado. Mis movimientos llaman la atención de una muchacha sentada delante mío. Me mira, la miro, y me devuelve una sonrisa. Una de esas comunes, una más, la del montón, pero lo suficientemente fuerte como para salvar el día. Obvio, la chica sabe que estoy mal y me quiere ayudar. Gracias.

La embarazada que está parada se baja en la próxima.



sábado, 9 de abril de 2011

El tiempo se mide en personas

Llega como siempre a las 7:30. Entonces, subo y el tiempo corre. Pasa por el kiosco de la esquina y el señor con el bolso de trabajador lo para. El tiempo corre de nuevo. Sube la chica, aquella que se produce para salir de su casa, esa que deja una estela de perfume detrás, la que en su cartera lleva un mundo pero -como no le alcanza- acarrea dos bolsas de negocio de ropa llenas. Nadie mira el reloj, pero seguro que marca las 7:45, justo cuando sube la parejita que viaja junta, pegadita, al trabajo. Yo me bajo y siento que son las ocho de la mañana.

Siete y media. otra vez me subo y el cronómetro corre. Veo al señor con su bolso, no veo a la muchacha. ¿Qué le habrá pasado? La parejita saca dos de uno diez. Me bajo pero algo anda mal: no son las ocho, es más temprano. El sol, inamovible, nos regalaba una sonrisa a media asta. Fue entonces cuando comprendimos que ese día iba a ser todo mañana.

Hicimos nuestras actividades a la mañana, llegamos a casa a la mañana, jugamos a la pelota a la mañana y nos fuimos a dormir a la mañana. Y sí, costó dormir porque había mucha claridad y la verdad es que yo no tengo cortinas.

Me desperté y no sabía qué hora era, pero me subí al colectivo. Esta vez, los vi a todos: al trabajador, a la muchacha, a la parejita. Toqué el timbre a las ocho.

Hoy voy a faltar. Quiero saber si soy parte del reloj o tan solo un simple espectador. Además, no hay nada mejor que quedarse en la cama toda la mañana...


jueves, 7 de abril de 2011

Teta-rdaste, teta-nteo, teta-poneo. En fin, TETA

Aquí, allá, en todos lados tetas. Tetas a mi lado, tetas más allá!! Todo el vagón es una gran teta que me acoje...digo acoge. Grandes, grandes y grandes plásticos, siliconas duras (qué mejor definición que la de Wikipedia: "polímero incoloro e inodoro") así como dos montañas exageradas que ocupan preciados centímetros cúbicos en plena hora pico. Parece que las cosas esas llegaron para quedarse, habrá que acostumbrarse.

Días después, un comentario: "Soné con vos!! Bah, que vos estabas ahí. Yo me había hecho las tetas, me quedaban divinas, todas así, grandotas, y vos me criticabas." Y sí, como para no criticar que te abran al diome y que te metan ese polímero (aaapa!! El tipo sabe)... y con todos los riesgos que eso conlleva. Nadie piensa en los niños? Nadie piensa en otro concepto de belleza por fuera del monumento a la teta? Obvio que sí. Pero hay muchas muchachas que unidireccionan su visión sobre lo que puede llegar a ser sexy y lindo para los muchachos (o tipos de muchachos o tipos a secas). Yo pregono por la teta natural y punto. Es como... comer comida casera Vs la comida enlatada, es decir, enplasticada. Abue!! Cocináme algo!

"-Bueh... Por lo menos te quedaron bien?
-Y... estaban lindas. Pero había un problema: me había quedado un pezón para el costado."


Vio, ñora? Yo le avisé y usté no mechuchó. Quelevasé.



Hay una lágrima sobre el teléfono

En el asiento Nº 8 (dicen que es el lugar donde nunca pueden acceder embarazadas, madres con niños en los brazos, ancianos, discapacitados ... o embarazadas madres ancianas discapacitadas con niños en los brazos), le suena el teléfono:

-Hola, nos comunicamos del Banco Ustémeimportauncoño. ¿Hablo con el responsable de la cuenta "mmjh, mjh"-3652- asterisco-8? 
- Sí. (El tipo andaba con todas las penas del universo)
-Qué tal? Lo llamo para preguntarle si está conforme con el servicio ofrecido por el banco...
-Y... (el tipo sigue triste) Sí. Por ahora, sí. Nunca me faltó plata.
-Bien. Usted se siente seguro con su dinero en el banco?
-Eh... (el tipo no entiende nada, está pensando en otras cosas)
-Porque pagando una suma de tan solo $5, tiene un seguro contra robo...
-Ah... No, gracias. (el tipo reacciona sin violencia porque no le interesa la charla)
-Está seguro? Mire que es una oportunidad para cuidar su dinero en el caso de que...
-No... el dinero. El dinero no es importante, señorita.
-(cortocircuito en el speech) Cómo que no es importante? Y qué le parece importante a usted?
-Y bueno. Lo importante es el amor. Chau, te mando un beso querida. (el tipo siguió llorando)

Ahora, la pregunta es si la minita del otro lado renunció a la institución bancaria y logró encontrar el verdadero amor. O ya lo había encontrado: se llamaba Washingon y no era uruguayo.



Cuando pinta bondi

Nos levantamos, rompemos el aparatito que suena. Nos lavamos, enjuagamos, cepillamos. Pillamos. Todo automático, tiki tiki, nos sale todo perfecto. Los afortunados desayunan con tiempo. Salís de casa. Claro, lo automático es lo no pensado y lo naturalizado. Caminamos las largas cuadras con la mirada perdida. Llegamos a la parada y cuando viene el bondi, nos levantamos y comenzamos a pensar. 

Ahí es cuando empieza verdaderamente el día. "Unocincuenta", "unoveinte", "unodié". Algunos optan por no saludar al señor conductor, a pesar de ser la primera persona con la que interactúan. Pobres, no saben que ese sujeto conduce un mundo desconocido. "Hola". Se lo merece.