Nos levantamos, rompemos el aparatito que suena. Nos lavamos, enjuagamos, cepillamos. Pillamos. Todo automático, tiki tiki, nos sale todo perfecto. Los afortunados desayunan con tiempo. Salís de casa. Claro, lo automático es lo no pensado y lo naturalizado. Caminamos las largas cuadras con la mirada perdida. Llegamos a la parada y cuando viene el bondi, nos levantamos y comenzamos a pensar.
Ahí es cuando empieza verdaderamente el día. "Unocincuenta", "unoveinte", "unodié". Algunos optan por no saludar al señor conductor, a pesar de ser la primera persona con la que interactúan. Pobres, no saben que ese sujeto conduce un mundo desconocido. "Hola". Se lo merece.

Hay que hacer un esfuerzo serio para considerar la parte romántica en el diálogo cotidiano con los choferes...
ResponderEliminar