miércoles, 13 de abril de 2011

Sonrisa

Las largas horas de un pesar se agudizan en el tren. Todo el mundo se da cuenta de tu estado y trata de colaborar. La vieja indignada te mira y piensa que hay cosas peores que la inseguridad. El vendedor ambulante no te pone las mentitas en tu pierna porque sabe que molesta. El mendigo gritón, pasa de largo para no incomodar. La mujer embarazada, "gracias, me bajo en la próxima", aunque para su próxima faltan 4 estaciones. Claro, no te das cuenta de esta confabulación y seguís triste.

Llega la estación, llego al tren, alcanzo un asiento. Y con todos esos arribos, la pena no podía quedarse atrás y planta bandera en el medio de la soledad de la muchedumbre viajante. "Hola!! Te habías olvidado de mí? Pues, no! Heme aquí, vivita y culenado cuanta felicidad aparezca." Habla y lo hace sola. Es un monólogo cansador, negativo, fulminante. Te derriba en tu lugar y no te queda otra que dormir y soñar. Es cuando aparece un alivio, una válvula de escape: una sonrisa en mi sueño pasajero. Una que me hace recordar a todas. La sonrisa que envuelve a las demás, porque es la final y la más linda de todas, la irresistible. Ahora dialogo yo: "Dónde estabas?  Vení!! No te vayas! No me dejes, sonrisa, quedate conmigo un ratitito más! Dale, no seas mala, no me despiertes que estoy bien con vos... ¡No! ¡No!".

Ella se va, me vuelve a dejar solo otra vez y me despierto muy exaltado. Mis movimientos llaman la atención de una muchacha sentada delante mío. Me mira, la miro, y me devuelve una sonrisa. Una de esas comunes, una más, la del montón, pero lo suficientemente fuerte como para salvar el día. Obvio, la chica sabe que estoy mal y me quiere ayudar. Gracias.

La embarazada que está parada se baja en la próxima.



1 comentario:

  1. Las mentitas, esas bolitas tan duras como las plateadas de las tortas. Creo que no existen más, por lo menos bajó su popularidad. Ahora las remplazan unas cajitas de pastillas "SEX", no sé si las viste.

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