martes, 26 de abril de 2011

Súpérhéroés

Ricardo entra al tren y se siente como pez en el agua. Atropella a la gente porque su derecho es pasar primero y no dejar bajar. Total, llega temprano. Se posiciona entre la gente, codeando, y por fin llega al pasamanos. Desconfía del muchacho con pelo largo y rulos que tiene atrás. "Este me va a hacer la billetera, mjeh...". Se acomoda mientras se aleja de las garras del malhechor. La puerta del tren se abre y él consigue el pretexto para hablar. Una señora con un bebé en brazos intenta subir. Las personas sentadas, no se percatan del asunto. "¿No se dan cuenta de que hay una señora con una criatura en brazos? Eh? No se hagan los boludos, un asiento, dale, dale...". Otra señora a tres metros, se levanta y le cede su lugar al combo madre-niño. "Qué vergüenza -grita Ricardo- una mujer le tiene que dar el asiento. Qué vergüenza". 

Otra persona, lo empuja sin querer. Qué te pasa, no empujés, hay más lugar ahí, paparulo. No me toqués que te bajo todo. Ganso. Te como crudo, pancho. La persona se amedrenta y se corre. "Este se me viene a hacer el guapo, justo a mí".

Ricardo se baja empujando, es su derecho bajar primero. ¡Dale! No tengo todo el día. Llega al andén y se siente vacío. Volvió a la realidad. Ya no tenía más poder ni autoridad. Lo espera una jornada laboral de hostigamiento y sumisión.


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